orígenes y evolución
La institución franciscana cartaginense abarcaba antiguamente los territorios de las provincias de Murcia, Albacete y Cuenca y parte de las de Guadalajara, Ciudad Real, Jaén, Almería y Alicante. Los orígenes de esta institución franciscana se inicia en la Murcia cristiana de los primeros tiempos de la reconquista, en 1243, durante el protectorado del reino de Castilla. En el decenio de 1250-60 se habría gestionado y consumado la primera venida de los frailes castellanos, con la creación de la Custodia Murciensis, dependiente de la Provincia de Castilla, aproximadamente en 1260. En el convento de San Francisco, ubicado en la capital murciana, tendrá su sede la institución custodial franciscana, que después de sucesivos emplazamientos se asentará en el Malecón, junto al río Segura, en fecha posterior a 1284.

Detrás de la voluntad y favor real de Alfonso X el Sabio, en la instalación de los franciscanos en Murcia, estaría la figura del franciscano Pedro Gallego, eclesiástico de relieve del círculo real de Fernando III el Santo y del príncipe heredero don Alfonso, y primer obispo de la recién restaurada diócesis de Cartagena, hacia 1250. La Provincia de Cartagena, cuyo nombre lo toma de la diócesis Carthaginensis, superaba en extensión territorial a ésta y al llamado reino de Murcia.

En etapas sucesivas, la entidad franciscana de Cartagena, se fue construyendo el “suntuoso y magnífico” convento de San Francisco, cabecera de la primera unidad administrativa del franciscanismo murciano, llamada "Custodia de Murcia", dependiente de la Provincia de Castilla. El convento de San Francisco será inspirador y aglutinador de la expansión fundacional dentro y más allá de las fronteras del reino castellano. Los siglos XIII y XIV verán surgir en torno a la Custodia una floración de conventos, a saber: Alcocer (Cuenca), Molina de Aragón (Guadalajara), Cuenca, Huete (Cuenca), San Esteban del Puerto y Beas de Segura de Jaén, Santa Catalina del Monte (Murcia), Alcaraz (Albacete), Belmonte (Cuenca), Orihuela (Alicante), Villaverde del Guadalimar (Albacete), Albacete, Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), San Ginés de la Jara (extramuros de Cartagena) y Las Huertas de Lorca. Todas son fundaciones de los siglos XIII, XIV y XV.

Los conflictos internos y los inevitables reflejos político-sociales y eclesiásticos del movimiento reformador “observante” de las segunda mital del siglo XV, no van a frenar el creciente ímpetu fundacional franciscano, impulsado por la Provincia de Castilla, que en San Francisco de Murcia encontró su mejor centro regulador.

En el dintel y primeros años del reinado de los Reyes Católicos un reducido grupo de conventos pertenecientes al distrito custodial franciscano, como Santa Catalina del Monte, Ntra. Sra. de las Huertas, San Francisco de Belmonte y Santa Ana de Orihuela, moldeados en su origen y conducidos por la vía de la Observancia franciscana de manos de los castellanos de la Vicaría de Santoyo (1477), constituyeron con San Francisco de Murcia a la cabeza, la nueva Custodia observante de Murcia. El camino de la conventualidad a la observancia lo habían recorrido los franciscanos murcianos durante el decenio 1460-1470, conformando una nueva forma de vida en 1475, con reclamo de los momentos más puros del franciscanismo original.

La Custodia observante de Murcia ve incorporarse a su alrededor nuevos refuerzos conventuales reformados, como San Clemente de Cuenca, San Bernardino de Orán, Ntra. Sra. de los Ángeles de Hellín. Con estos y el grueso de los conventos restantes, sumando una veintena, la Custodia Murciensis se erige en Provincia Carthaginensis, independiente de la Provincia de Castilla el 27 de mayo de 1520 (Congregación General Ultramontana de Burdeos). León X confirmó esta nueva demarcación de la Orden en España, por la bula Accepimus, el 18 de mayo de 1521.

Hasta los dos primeros decenios del siglo XVIII, la Provincia de Cartagena se fue acrecentando con nuevos conventos: Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Segura de la Sierra (Orcera) (Jaén), Cartagena (Murcia), Iniesta (Cuenca), Villanueva de la Jara y Valverde del Júcar (Cuenca), Cehegín (Murcia), Villarrobledo (Albacete), San Lorenzo de la Parrilla (Cuenca), Caravaca y Moratalla (Murcia), Moya (Cuenca), Mula (Murcia), Valera de Abajo (Cuenca), Vélez Blanco (Almería), Tobarra (Albacete), Cuevas de Vera (Almería), Vélez Rubio (Almería), Colegio de la Purísima de Murcia, y los hospicios de La Roda (Albacete), Calasparra (Murcia), Cieza y Alhama (Murcia), Yeste (Albacete), Albox (Almería), y los de Bonillo, Villanueva de la Fuente y Vistahermosa, filiales de Alcaraz (Albacete). Todos estos conventos son fundaciones de los siglos XVI-XVIII.

Cuarenta y nueve conventos eran los que pertenecieron a la jurisdicción de la Provincia franciscana de Cartagena, sobreviviendo todos ellos hasta la exclaustración y desamortización de 1835. La Provincia de Cartagena era la segunda institución franciscana más extensa en territorio, conventos y personal, con unos dos mil religiosos, de las veintiséis unidades administrativas de la Orden en España, hasta el siglo XIX.

Junto a los franciscanos de la Provincia de Cartagena, conviven en la región murciana las unidades administrativas de la Custodia descalza o de los descalzos de San Pascual Bailón de Reino de Murcia, con diez conventos: Yecla (1561), Villena (1563), Almansa (1563/1637), dos en Jumilla: Santa Ana (1573) y Las Llagas de San Francisco (1599), Jorquera (1611), Mahora (1611), Los Llanos (1632) y Hospicio-fábrica de sayales de Albacete, y Cieza (1681). Así como el repartimiento de seis conventos dependientes de la Provincia franciscana descalza de San Pedro de Alcántara de Granada, distribuidos en Murcia (1600), Cartagena (1606), Totana (1606), Yeste (1617), Mazarrón (1683) y Lorca (1687).

Este conjunto de entidades, todas ellas independientes entre sí, pero distribuidas a lo largo y ancho de lo que se conoce como reino de Murcia, constituirán el “franciscanismo murciano”. Sumando los conventos de las tres entidades franciscanas que se hallaban ubicados en territorio murciano, se contabilizaban treinta y siete.

Con la exclaustración en 1836 y la consecuente desamortización, la Provincia franciscana de Cartagena y las otras dos entidades descalzas quedaron paralizadas. Sólo permaneció abierto el Santuario de Santa Ana, desde 1852 hasta 1891 en que se incorpora a la Provincia de Cartagena.